El estrés también es útil en situaciones de peligro porque le indica al cuerpo que se prepare para enfrentar una amenaza o huir a un lugar seguro. Cuando te sentís asustado, tu sistema nervioso responde liberando un torrente de hormonas del estrés, incluyendo la adrenalina y el cortisol. Estas hormonas activan el cuerpo para una acción de emergencia: tu corazón bombea más fuerte, los músculos se tensan, la presión sanguínea aumenta, la respiración se acelera, y tus sentidos se vuelven más agudos. Estos cambios físicos incrementan tu fuerza y resistencia, la velocidad de tu tiempo de reacción y mejoran tu enfoque.
El estrés también te ayuda a afrontar nuevos desafíos porque te mantiene constante para terminar con una presentación laboral, aumenta tu concentración cuando estás estudiando para un exámen, aún cuando te gustaría estar haciendo otra actividad.
Las situaciones y presiones que causan estrés son conocidas como estresores. Normalmente se considera esto como algo negativo pero, es importante aclarar que cualquier cosa o situación que nos demande un cambio o ajuste en nuestra vida normal, puede ser estresante. Ejemplos de estas situaciones son: casarse, comprar una casa, ir a la universidad, recibir un ascenso en el trabajo.
Otro punto importante a aclarar es que no todo el estrés es causado por factores externos. Existe lo que se conoce como estrés auto-generado. Por ejemplo, cuando tenés una preocupación excesiva sobre algo que puede o no ocurrir o tener pensamientos pesimistas sobre tu vida.
Entonces, las causas de estrés se pueden dividir en causas externas y causas internas.
Como mencionamos, pueden ser positivos, como casarse, tener un hijo, un ascenso o una nueva casa. O pueden ser negativos, como la muerte de un ser querido, una enfermedad o un divorcio.
Esto pueden ser reacciones ante ruidos repentinos, como el ladrido de un perro o música que invade tu espacio, o reacciones cuando debes caminar entre la multitud o el tráfico durante las horas pico.
Desde recibir visitas inesperadas hasta enterarse que aumentaron el alquiler de su casa.
carga de trabajo excesiva, plazos de entrega urgentes y problemas o demandas de jefes exigentes.
Hay personas que sienten estrés al tener que conocer nuevas personas o tener que mantener una reunión con sus familiares.
Por ejemplo personas que sobreviven a guerras, accidentes, desastres naturales o asaltos.
los más comunes son el miedo al fracaso, el miedo a hablar en público y el miedo a volar, entre otros.
Esto es una reacción que ocurre cuando se dan muchas vueltas sobre un problema, sin llegar a resolver nada.
Tendencia a ver y a juzgar las cosas en su aspecto más negativo o más desfavorable.
Como nos hablamos a nosotros mismos y de qué forma entendemos el mundo.
Hay personas que sienten estrés al tener que conocer nuevas personas o tener que mantener una reunión con sus familiares.
Por ejemplo personas que sobreviven a guerras, accidentes, desastres naturales o asaltos.
Como ya mencionamos, el estrés positivo aparece cuando la persona se enfrenta a una situación con la intención de extraer algo beneficioso. Este tipo de estrés provoca motivación y energía.
El estrés negativo, también conocido como distrés, es el que produce ansiedad ante una situación que nos hace sentir incapaces de controlar. Afecta a nuestro organismo y puede provocar reacciones físicas y psicológicas. Este es el tipo de estrés que perjudica a nuestra salud y que, por tanto, debemos aprender a reducir sus consecuencias.
Es el tipo de estrés más habitual. Es el estrés que se origina por las situaciones y demandas exigentes que tenemos a lo largo de nuestro día. En pequeñas dosis el estrés agudo puede resultar positivo porque, como mencionamos, nos anima a actuar. Pero, si no sabemos manejarlo, puede agotar a quien lo padece y producir graves consecuencias mentales y físicas.
Cuando el estrés agudo se repite de forma continuada pasa a convertirse en estrés agudo episódico, es decir, recurrente. Las personas se sienten atrapadas como en un círculo vicioso de excesiva de responsabilidades y que las lleva a tener una vida desordenada, bajo una presión autoimpuesta e inmersa en una crisis continua.
Cuando el estrés agudo se alarga en el tiempo, sin periodos de relajación, se convierte en estrés crónico. Es un estrés agotador que produce un desgaste físico y emocional continuo a la persona que lo sufre y afecta a todas las facetas de la vida y agrava los síntomas del estrés agudo. Es un tipo de estrés que surge ante situaciones complejas y duraderas: Problemas financieros. Familias disfuncionales. Problemas laborales. Traumas infantiles interiorizados. El estrés crónico es el tipo de estrés más grave y provoca consecuencias severas para quien lo padece.
Problemas de memoria, Incapacidad para concentrarte, Pesimismo o solo ver todo como negativo, Ansiedad o pensamientos recurrentes, Preocupaciones constantes.
Mal humor e irritabilidad, Agitación e incapacidad para relajarse, Sentimiento de soledad y aislamiento, Depresión o infelicidad general.
Dolores musculares, Diarrea o constipación, Náuseas, mareos, Dolor en el pecho, taquicardia Pérdida de deseo sexual, Resfriados frecuentes.
Comer más o menos, Dormir mucho o poco, Procrastinar o rechazar responsabilidades, Consumir alcohol, tabaco, o sustancias relajantes, Hábitos nerviosos (por ejemplo: morderse las uñas).
Como ya hemos visto, hay partes del cuerpo que se ven afectadas por el estrés. Muchas veces, al no tratar el estrés de forma adecuada, se derivan en enfermedades psicosomáticas. Por ejemplo, cuando las personas toman diferentes fármacos para dormir sin conocer que la raíz del problema puede ser otra más profunda y compleja. Y que los fármacos no ayudan a resolver el problema.
A continuación, compartimos las áreas del cuerpo que se ven más afectadas por el estrés:
