Un ataque de pánico puede aparecer de forma repentina, provocando una sensación de miedo intenso y malestar físico que puede interpretarse como peligroso cuando en realidad no se percibe ningún estímulo real amenazante o causa aparente que lo provoque.
Cuando la persona está teniendo un ataque de pánico, puede sentir que está perdiendo el control, que tiene un ataque cardíaco o, incluso, que puede morirse.
Cuando la ansiedad deja de ser normal, provoca preocupación y miedo intensos y excesivos ante situaciones cotidianas.
Las personas que han tenido un ataque de pánico desarrollan un estado hiperalerta. Es decir, amplían su atención ante el mínimo estímulo proveniente tanto de su propio cuerpo como de una situación externa.
Esto provoca interpretaciones catastróficas de lo que sucede.
Por lo tanto, el papel de los pensamientos que surgen en ese momento son de suma importancia. Los llamamos pensamientos automáticos y sus características son:
Desde la Psicología se utiliza la técnica conocida como “Reestructuración cognitiva”.
El tratamiento de los ataques de pánico se focaliza entonces en modificar estas distorsiones cognitivas (errores de pensamiento).
